Vino que sabe a gasolina, efectos de la Covid-19

vino que sabe a gasolina

Uno de los síntomas y efectos de la Covid19 es la pérdida temporal del gusto y el olfato.

Vino que sabe a gasolina, y no, no es un defecto del vino. A la pérdida del sentido del olfato producido se denomina parosmia, una distorsión a menudo temporal que hace que las cosas huelan de manera diferente —por lo general desagradable—.

Según diferentes personas afectadas, recuperarse aparentemente de la Covid-19 no ha hecho que recuperen sus sentidos de forma normal. «Lo peor no es perder el sentido del olfato y el gusto, sino recuperarlo de forma anómala», indican. Según publica The Washington Post, a través de un estudio consultando con varias personas, el Doctor Parker y su equipo han descubierto que la carne, las cebollas, el ajo y el chocolate provocan habitualmente una mala reacción, junto con el café, las verduras, la fruta, el agua del grifo y el vino.

Afectados señalaron que ciertas distorsiones, incluyendo una que hace que todo tenga olor fecal, pueden lograr que los alimentos y las bebidas comunes sean repugnantes, porque el sabor está vinculado con el sentido del olfato. “Incluso el agua puede volverse desagradable”, dijo.

La sensación de probar un vino se vuelve extraña, “Sabía a gasolina”, dijo Spicer, quien revisó la botella, no encontró nada malo y volvió a probar el vino dándose cuenta que el problema ella era.

Pérdida del olfato en el mundo del vino

Esta pérdida del gusto y olfato genera consecuencias relacionadas con la gastronomía, porque se entorpece el deleite de un buen plato o de un buen vino.

La Unión de Enólogos interrogó a 2.625 profesionales en 37 países, especialmente en Francia (73% de los participantes) así como en Chile, Italia o Suiza. En su mayoría, eran enólogos, pero también productores, sumilleres y propietarios de bodegas.

La investigación, llevada a cabo entre mayo y julio del 2020, reflejó que casi 38% de los profesionales del vino que perdieron el gusto o el olfato debido al Covid-19 tenían dificultades para ejercer su profesión.

Las mujeres son las más afectadas (54%) frente a los hombres (46%), en cuanto a los problemas olfativos. 67% de las mujeres declaran que la enfermedad tuvo un impacto en su oficio, frente a 33% para los hombres.

El vino «no sabía a nada», afirmó por su parte Philippe Faure-Brac, presidente de la Unión de Sumilleres de Francia. El mejor sumiller del mundo de 1992 recuerda una «sensación de madera» en la boca, «limitada a los sabores fundamentales», que se prolongó durante varias semanas.

Enólogos y sumilleres se están encontrando con un hándicap en sus tareas diarias, y es que suelen no notar la textura, ni la acidez ni la parte glicérica del vino.

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