Un blanco manchego estructurado y elegante que combina fruta y crianza con equilibrio.
Esta semana, en nuestra sección “El vino de la semana”, viajamos hasta Campo de Criptana, en el corazón de La Mancha, para descubrir Albaicín Chardonnay, un blanco amparado por la Denominación de Origen La Mancha que refleja la tradición y el potencial de una de las cooperativas con más historia de la región.
Detrás de este vino se encuentra Vinícola del Carmen, fundada en 1897 y considerada la cooperativa vitivinícola más antigua de Castilla-La Mancha y una de las más veteranas de España. Situada en Campo de Criptana (Ciudad Real), en plena llanura manchega, la bodega trabaja sobre un amplio mosaico de viñedos marcados por un clima extremo: inviernos fríos, veranos calurosos y escasa pluviometría, condiciones que favorecen una maduración óptima y una buena concentración aromática. Este Chardonnay, reconocido con un Baco de Oro en los Premios BACO – UEC, es muestra de esa evolución constante que combina historia y modernidad.
Albaicín Chardonnay: la cata
A la vista presenta un color amarillo dorado intenso y brillante, con buena presencia en copa.
En nariz despliega aromas de pan tostado, café y vainilla, que se integran con notas de fruta exótica y de hueso como el albaricoque y el níspero, ofreciendo un perfil aromático amplio y atractivo.
En boca es sedoso y equilibrado, con una acidez agradable que aporta frescura. El final es largo y persistente, dejando un lecho de recuerdos florales que redondean la experiencia.
Albaicín Chardonnay armoniza especialmente bien con pescados azules como atún o salmón, mejillones, arroces y paellas. También acompaña con acierto pastas, verduras guisadas y carnes blancas como cerdo o pollo, convirtiéndose en una opción versátil tanto para comidas como para cenas.
Un blanco que demuestra cómo la tradición cooperativa manchega sigue ofreciendo vinos con personalidad y reconocimiento.
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