Un vino de pago que expresa territorio, paisaje y orgullo manchego.
Esta semana, en nuestra sección «El vino de la semana», viajamos al corazón de Castilla-La Mancha para descubrir Pago de La Jaraba Merlot 2022, un vino que nace en un paraje singular y que ha sabido convertir su origen en seña de identidad. Y es que La Jaraba es un enclave único situado entre los términos de Villarrobledo (AB) y El Provencio (CU). Allí, 80 hectáreas de viñedo conviven con 92 hectáreas de monte bajo de encina y pino, configurando un paisaje protegido que imprime carácter a los vinos. Este entorno genera un microclima particular y, unido al mayor contenido mineral de los suelos fluviales, da lugar a vinos intensos, aromáticos y con marcadas notas minerales y balsámicas.
Este vino se elabora a partir de uva merlot procedente de una parcela trabajada con prácticas vitícolas orientadas a la máxima concentración de compuestos de interés enológico. La fermentación alcohólica se realiza en tina de roble francés seguida de una crianza sobre lías. Posteriormente, el vino completa su afinado con seis meses en barrica de roble francés de grano extrafino, logrando equilibrio y complejidad sin perder frescura.
El Pago de La Jaraba Merlot 2022, amparado por la DOP Pago de La Jaraba, ha sido reconocido en su categoría en la última edición de los Premios Nacionales de la Asociación Española de Periodistas y Escritores del Vino y los Espirituosos (AEPEV). Un galardón especialmente significativo por su sistema de elección, basado en la prescripción de comunicadores especializados, que refuerza el posicionamiento de este vino manchego entre las referencias más valoradas del panorama nacional.
Pago de la Jaraba Merlot: la cata
A la vista, Pago de La Jaraba Merlot se muestra con un atractivo color rojo picota, profundo y brillante, con ribetes vivos que denotan su buena evolución y una lágrima marcada que anticipa concentración y estructura.
En nariz se percibe desde el primer momento una elegancia bien definida, donde la fruta roja y negra madura aparece integrada junto a los matices aportados por la crianza. Destacan las notas de madera fina, especias dulces y recuerdos tostados, todo ello envuelto en un fondo mineral y ligeramente balsámico.
En boca el vino resulta armónico y bien construido, con paso amable. Los taninos maduros y perfectamente integrados, aportando estructura sin restar frescura. La fruta vuelve a cobrar protagonismo en el recorrido, acompañada de notas especiadas y recuerdos de regaliz. El final es de persistencia media, gustoso y equilibrado, dejando una sensación elegante.
Este Merlot marida especialmente bien con carnes rojas y blancas asadas o estofadas, platos de pasta con salsas sabrosas, arroces y quesos curados, acompañando perfectamente tanto recetas tradicionales como propuestas de inspiración mediterránea.
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