El nuevo informe confirma su importancia en la economía regional y señala varios desafíos que marcarán su evolución en los próximos años.
El cooperativismo agro-alimentario de Castilla-La Mancha sigue creciendo. El último informe sitúa su aportación en 2.868,9 millones de euros en 2024, lo que supone un aumento del 7,3% respecto al año anterior.
Ese crecimiento confirma el peso que tienen las cooperativas en la región. El modelo agrupa actualmente 536 cooperativas de primer grado y SAT, junto a 22 de segundo grado, y está presente en 297 municipios, lo que explica su papel en buena parte del medio rural, donde sostienen actividad económica y empleo.
Una base social amplia con retos en el relevo generacional
Más de 158.665 personas forman parte de estas entidades, que generan 6.620 empleos directos, el 73% de ellos de carácter fijo, un dato que refleja cierta estabilidad dentro del sector.
Pero hay señales que invitan a mirar con calma. La presencia de jóvenes sigue siendo muy baja (apenas un 5,8%) y la participación femenina continúa lejos de una distribución equilibrada. Son dos cuestiones que el propio sector reconoce como pendientes si quiere asegurar su continuidad en el tiempo.
A esto se suma otra realidad, muchas cooperativas siguen teniendo un tamaño reducido. El volumen medio de comercialización está todavía por debajo de la media nacional, lo que limita su capacidad para competir en determinados mercados.
El vino marca el ritmo del sector
Dentro del conjunto del cooperativismo regional, el vino sigue siendo el gran protagonista. El sector vitivinícola concentra el 32,2% del valor total, seguido del aceite de oliva con un 17,4%, lo que refleja el peso de ambos en la estructura productiva de Castilla-La Mancha.
Este liderazgo del vino explica en buena medida la configuración del cooperativismo en la región y su fuerte vinculación con el territorio.
Crecer fuera y ganar tamaño, tareas pendientes
El informe también apunta a la necesidad de seguir creciendo en los mercados exteriores, especialmente fuera de la Unión Europea, donde la presencia sigue siendo más limitada.
Junto a la internacionalización, el sector tiene por delante otros retos conocidos: mejorar la dimensión de las cooperativas, avanzar en digitalización, reforzar la sostenibilidad y facilitar la incorporación de jóvenes.
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